Tuesday, August 19

Ayer...

Ayer te soñé, estabas tan bella como siempre…
Con el rostro iluminado que siempre te caracterizo, y esa risa tuya que nunca dejo de escucharse aunque tu no estuvieras, por que era lo que hacia la luz en tu casa.

Ayer te soñé, y me abrazabas, me tranquilizabas y me decías que todo iba a estar bien, como siempre ha estado, que todo es parte de la vida, y que tenemos que aceptar las cosas como son…

Ayer te soñé, y estabas en paz y tranquila con el rostro relajado y los brazos abiertos, se te veía feliz y te decía que quería estar feliz como tu pero que nos hacías mucha falta, que me cuesta trabajo entender por que le pasa esto a la gente buena.

Ayer te soñé, y te veías preciosa, me decías que soy la fuerte en la familia y que tengo que luchar con ella para poder salir adelante, aunque yo te decía que en ocasiones sentía que la fuerza no me alcanzaba... tu me alentaste a seguir.

Ayer te soñé, estabas a un costado del mar, jugando con la arena y salpicándome con el agua, reímos mucho y eso me dejo con mayor esperanza, por que se que te puedo seguir viendo cada vez que cierre los ojos, y abrazando en mis sueños aunque físicamente ya no estés con nosotros.

Ayer te soñé abuelita…

Thursday, August 7

Ochun



En mitad de la selva imaginaria de la tierra de los orishas, vivían Ochún, Oggún, Changó y Orula. Ochun, tan sensual, bella y erótica como liviana, vivía maritalmente con Chango, pero esto no le impedía flirtear con Oggún y con cualquier caminante que se perdiera en ese monte lleno de sorpresas. Por ese entonces, Orula, baldado y en silla de ruedas, decidió registrarse buscando saber hasta cuando duraría su desgracia. Se tiro el ékuele y le salió la letra Iroso Sa, que le recomendaba hacerse ebbó a toda carrera. En este registro se le advertía también que tuviera mucho cuidado con el fuego, pues Chango se había percata- do de las infidelidades de su mujer. Ochun, apenada porque Orula en su lecho de enfermo no podía salir a buscar las cosas necesarias para hacer el ebbó, inmediatamente se las trajo. Orula le quedo muy agradecido. Un día de primavera, mientras Ochun cocinaba una adié, la comida preferida de Orula, Chango acechaba para lograr su venganza. Seguro de encontrar juntos a Ochun, Oggún y Orula, formo una gran tormenta y, con sus rayos implacables, le prendió fuego a la choza de Orula. Oggún salió corriendo. Orula, del susto, volvió a caminar y logró alcanzar la espesura. Ochun, quien buscaba orégano y albahaca para sazonar la adié al ver las llamas pensó en la invalidez del pobre Orula. A riesgo de su vida, penetro en la casa para salvarlo. Al no encontrarlo allí, desesperada y casi ahogada por el humo, salió llorando. Cuando vio a Orula, sano y salvó en un clarito del monte, se abrazó a él. Emocionados, ambos se juraron amistad eterna. Orula le dijo: ”Tu, que fuiste la pecadora, te acordaste de mí en los momentos más difíciles. De ahora en delante, comerás conmigo. Haremos juntos nuestra comida predilecta, la adié. Te nombro, además, mi apetebi. Juntos andaremos los caminos de los oddun y de los hombres”. Iború, Iboya, Ibocheché...